La verdad, en griego, es lo no olvidado.
ESTE EPISODIO CONTIENE SPOILERS TOTALES DE HELL IS US
Hace cosa de un año analicé Hell is Us en este programa. Hablé del combate, de las nieblas que devoran a los soldados, de la guerra civil yugoslava como espejo confeso de su director, el canadiense Jonathan Jacques-Belletête. Lo que no conté entonces, porque no tenía la palabra, es que cuando terminé el juego mi libreta estaba escrita por las dos caras: cuatro páginas de topónimos dibujados a mano, pueblos que no existen fuera de mi cabeza, con flechas hacia un norte que yo había decidido que era el norte. Y, grapada al margen, la lista de la compra de aquella semana. Mantequilla, apuntada dos veces, con un círculo. No sé por qué. Este A FONDO nace de esa coexistencia.
Vuelvo al juego de Rogue Factor cerca de su aniversario para entender por qué un título que casi todo el mundo despachó como un soulslike de combate tosco me empujó a algo que no hago con casi ningún otro videojuego: levantarme del sofá, ir al cajón de la cocina y cartografiar a mano Hadea, su país inventado. La pista estaba dentro. Hay un objeto, el Cuaderno de Investigación de Símbolos, donde alguien —antes que tú, antes de morir— copió a mano cinco símbolos para que no se perdieran. Tú heredas ese cuaderno. Y lo prolongas en el tuyo, en la cocina, sin saberlo.
A partir de ahí, el episodio teje el juego con tres libros que me hicieron oír lo que no sabía escuchar. Aleksandar Hemon, en El libro de mis vidas, habla de la «infraestructura personal» de un Sarajevo que sobrevivió sin él: el peluquero, el carnicero, las calles que te devolvían el saludo. Dubravka Ugrešić, en El museo de la rendición incondicional, construye con los objetos del estómago de una morsa del zoo de Berlín el museo portátil que se arma una mujer cuando le quitan el país. Y Robert Macfarlane, en Bajotierra, recuerda que bajo tierra guardamos no solo lo que tememos, sino «aquello que amamos y queremos salvar».
En el centro de todo, una biblioteca. La del juego se llama Lethe —olvido, en griego— y te pide que entres a recordar. La real es la Vijećnica de Sarajevo, bombardeada en la madrugada del 25 al 26 de agosto de 1992, ardiendo tres días, con sus bibliotecarios sacando libros a mano bajo el fuego de los francotiradores. Una de ellos, Aida Buturović, tenía treinta y dos años y no llegó a casa. Hell is Us no te impone esta lectura: pone los símbolos en la puerta, te entrega el cuaderno y se calla, confiando en que ates los cabos. Este episodio va de ese gesto pequeño —copiar a mano lo que de otro modo desaparecería— y de por qué creo, ahora, que no es pequeño.
Bibliografía citada (ediciones en castellano)