Shownotes
Nuestro orgullo y egoísmo matan nuestras almas y tanto nos mantienen fuera del Reino como impiden que otros también lo encuentren. Cristo fue humilde y desinteresado, y aun así fue crucificado como un criminal orgulloso y egoísta para pagar la deuda que nosotros debíamos. Cuando aceptamos esto, reconocemos nuestra posición humilde ante un Dios exaltado y podemos buscar Su poder salvador y guiar a otros para que también lo encuentren.