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Un mes después de lanzarse, Crimson Desert sigue ocupando espacio en nuestra cabeza. Por eso volvemos a él en este episodio especial, grabado un martes y con Julen al micro supliendo a Alfonso para aportar la perspectiva del jugador que vive dentro de los sandbox y MMOs. Y como bonus, las primeras impresiones de Pragmata, el nuevo Capcom que acaba de levantar embargo.
Arrancamos con la montaña rusa de Crimson Desert. Julen venía con hype de diarios de desarrollo y expectativas altas por el pedigrí de Pearl Abyss (los padres de Black Desert). La hostia inicial fue de las que hacen época: bugs, rendimiento dudoso, el mismo botón para lutear y saltar, minijuegos mal explicados, una pesca que solo funcionaba si conectabas el mando por cable, y un prólogo confuso que no explicaba nada. Un Cyberpunk pero sin el colchón mediático.
Y entonces llegó el parche salvavidas. Un parche que corrigió tantas cosas tan rápido que levanta sospechas: ¿flash de los desarrolladores o gesto de marketing pensado desde el minuto uno? Julen se moja con su teoría. A partir de ahí, el juego empieza a funcionar: el sandbox se abre, la distancia de dibujado te invita a perderte, la verticalidad engancha y los NPCs empiezan a comportarse como seres vivos.
Hablamos del corazón emergente del juego: estatuas que se esculpen en tiempo real mientras las miras, casas en construcción con horarios laborales (los NPCs dejan de trabajar al caer la noche), perros que te roban lingotes si los dejas en el suelo, tíos de Hacienda que te reclaman impuestos tras enriquecerte rápido, y hasta un jefe al que se le puede matar usando un árbol como arma si eres lo bastante astuto. Crimson Desert llega a cotas de emergencia que no habíamos visto en ningún otro sandbox reciente.
Pero el juego también tiene grietas que ningún parche ha cerrado. La historia es un soberano peñazo: un prólogo que no se entiende, cinemáticas que ahora se pueden acelerar x4 (gracias), y misiones principales que te secuestran media hora cuando solo querías pasar por una ciudad. Julen expone cómo el juego te castiga por seguir la trama y te recompensa por ignorarla.
Hablamos también de la acusación del desarrollador de Baldur's Gate: Crimson Desert como "amalgama de mecánicas prestadas". Sí, hay Zelda. Sí, hay Red Dead Redemption 2. Sí, hay Kingdom Come Deliverance 2. Pero, ¿qué sandbox no bebe hoy de esa tradición? El debate abierto.
Cerramos el bloque con una pregunta gorda: ¿Crimson Desert tiene opciones al GOTY 2026? Spoiler editorial: estará en la nominación, pero GTA, Wolverine y lo que saque Capcom van a pesar.
Y luego, el bonus: primeras impresiones de Pragmata. Marc lleva unas diez horas y el juego le ha conquistado. Le cuenta a Julen por qué esta ciencia ficción distópica no es un Stellar Blade ni un Blade Runner frío, sino algo mucho más cercano a la IA de Spielberg y al Yo, robot de Asimov: el gunplay importa menos que el hackeo dual, la acción pasa a un segundo plano frente a la exploración táctica, y el peso de la obra recae en la relación entre un protagonista adulto y Diana, la niña robot que lo mira todo con inocencia. Un juego sobre paternidad protegido por una capa de calidez humana. Tendrá episodio completo pronto.
Por el camino también: Jurassic World Evolution 3 (que Julen acaba de pillar en rebajas), el inminente Lego Batman, la mesa de pulsos que desapareció de Hernán de un parche a otro, la escena del lingote en la chimenea y la pregunta que todo Crimson Desert acaba provocando: "¿de verdad quieres saber cuántas horas llevo?".