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"Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos" (Colosenses 1:3-4)
Episode 80311th August 2022 • Meditaciones Diarias - Radio Gracia y Paz • Radio Gracia y Paz
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Meditación

"Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos" (Colosenses 1:3-4)

1:3 Habiendo saludado a los santos en términos que han venido a ser el lema del cristianismo, el apóstol hace algo más, muy característico de él —cae de rodillas en acción de gracias y oración—. Parece que el apóstol siempre comenzaba su oración con alabanza al Señor, y en ello tenemos nosotros un buen ejemplo a seguir. Su oración se dirige al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. La oración es el inenarrable privilegio de tener audiencia ante el Soberano del universo. Pero se puede preguntar: «¿Cómo puede osar un mero hombre comparecer ante la terrible presencia del infinitamente excelso Dios?». La respuesta se encuentra en nuestro texto. El glorioso y majestuoso Dios del universo es el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Aquel que es infinitamente excelso se ha hecho íntimamente cercano. Por cuanto los creyentes en Cristo compartimos la vida de Cristo, Dios es asimismo nuestro Padre (Jn. 20:17). Podemos acercarnos por medio de Cristo. Orando siempre por vosotros. Tomada por sí misma, esta expresión no parece destacable, pero adquiere un nuevo significado cuando recordamos que esto describe el interés de Pablo en las personas que nunca había conocido. A menudo encontramos difícil recordar a nuestros propios parientes y amigos ante el trono de la gracia, ¡pero pensemos en la lista de oración que el Apóstol Pablo debe haber guardado! Oraba no sólo por los que conocía, sino también por los cristianos en lugares lejanos cuyos nombres les habían sido mencionados por otros. Lo cierto es que la incansable vida de oración de Pablo nos ayuda a comprenderlo mejor.

1:4 Había oído de la fe de los colosenses en Cristo Jesús, y del amor que tenían hacia todos los santos. Primero menciona su fe en Cristo Jesús. Ahí es donde debemos siempre comenzar. Hay muchas personas religiosas en el mundo en la actualidad que están constantemente hablando de su amor para con otros. Pero si les preguntas, encuentras que no tienen fe alguna en el Señor Jesús. Un amor así es hueco y carece de significado. Por otra parte, los hay que profesan fe en Cristo, pero se busca en vano por cualquier evidencia de amor en sus vidas. Pablo también pondría en duda la sinceridad de la fe de los tales. Ha de haber una verdadera fe en el Salvador, y esta fe se ha de hacer evidente mediante una vida de amor a Dios y a los semejantes.

Pablo habla de la fe como en Cristo Jesús. Es muy importante observar esto. El Señor Jesucristo es siempre presentado en la Escritura como el Objeto de la fe. Uno podría tener una ilimitada fe en un banco, pero esta fe es sólo válida en tanto que el banco sea fiable. La fe en sí misma no asegurará la buena custodia del dinero si el banco es mal dirigido. Así sucede con la vida espiritual. La fe, por sí misma, no es suficiente. La fe ha de ser puesta en el Señor Jesucristo. Por cuanto Él nunca puede faltar, nadie que confíe en Él quedará frustrado.

El hecho de que Pablo hubiese oído de su fe y amor muestra que desde luego no eran creyentes secretos. De hecho, el Nuevo Testamento da poco aliento a quien quiera proseguir como discípulo secreto. La enseñanza de la Palabra de Dios es que si alguien ha recibido verdaderamente al Salvador es inevitable que haga confesión pública de Cristo.

El amor de los colosenses se proyectaba a todos los santos. No había nada local ni sectario en su amor. No amaban sólo a los de su propia comunión local, sino que allí donde encontraban a verdaderos creyentes su amor se derramaba libre y cálidamente. Esto debería ser una lección para nosotros, en el sentido de que nuestro amor no debería ser estrecho ni limitarse a nuestra propia comunión local, ni a misioneros de nuestro propio país. Deberíamos reconocer a las ovejas de Cristo allí donde se encuentren, y manifestar nuestro afecto para con ellos siempre que sea posible.

 William MacDonald.